Desde el escenario principal del Colorado Health Symposium este año, compartí una historia sencilla:
Yo crecí en Pueblo, Colorado. Y cuando le digo a las personas eso, especialmente a aquellas del área metropolitana, a veces recibo esa mirada. Una ceja levantada. Un sorprendente “Ah, ¿en serio?” Como si ese lugar y, por ende, las personas que lo llaman su casa, realmente no encajan en esa idea preconcebida que alguien tiene de lo que es importante o de lo que es posible.
Pero Pueblo es en donde aprendí a estar presente para otros. Es en donde encontré orgullo, resiliencia y comunidad. Y cada vez que me toca hablar sobre mi ciudad natal, veo que algo cambia.
Eso, justo ahí, es el poder narrativo en acción. Es un pequeño pero importante ejemplo de lo que significa desafiar los estereotipos: el interrumpir una historia predominante que menosprecia a ciertas comunidades y reemplazarla por otra basada en la verdad y la conexión.
En el Simposio de 2024, iniciamos una conversación sobre el cambio de las narrativas y de cómo las historias le dan forma a nuestro entendimiento del mundo e influyen en todo, desde la percepción pública hasta las políticas públicas. Este año, hemos construido sobre esa conversación. Porque si queremos impulsar la equidad en salud, no podemos limitarnos con tan solo reformar los sistemas. Tenemos que redefinir las historias que los sustentan.
En el simposio de este año, el periodista ganador del Premio Pulitzer y fundador de Define American, José Antonio Vargas, ofreció un marco poderoso: “Las narrativas son sistemas de historias”. No tan solo una historia. Ni siquiera unas pocas. Sino una red de historias que definen colectivamente lo que se considera como normal, deseable o inevitable, y lo que no lo es.
Pensemos en las historias que nos cuentan sobre quién merece una vivienda, oportunidades económicas y otras facetas importantes de la salud. También nos cuentan historias sobre quién es digno de confianza y quién puede pertenecer. Estas historias no existen aisladas, están arraigadas en nuestros medios de comunicación, en nuestras leyes e incluso en nuestras conversaciones cotidianas. Con demasiada frecuencia, estas refuerzan la inequidad y hacen invisibles a comunidades enteras.
Pero hay buenas noticias: podemos trabajar juntos para crear un sistema diferente de historias. Uno que refleje la verdad, complejidad y dignidad de nuestras vidas. Uno que haga que la equidad en salud no solo sea posible, sino inevitable.
Y no estamos comenzando desde cero. Cada vez que compartes una experiencia vivida que desafía un estereotipo, cada vez que amplificas las voces que han sido silenciadas, estás contribuyendo a ese nuevo sistema de historias. Estás ayudando a crear una cultura en la que las políticas son moldeadas por las personas a las que afectan, donde los medios de comunicación reflejan toda la riqueza de nuestras comunidades, y en donde los resultados de salud no están determinados por tu código postal, tu raza, tu estatus migratorio, tu identidad de género o a quien amas.
Este trabajo no siempre es fácil, especialmente cuando muchos de nosotros cargamos con el peso de los ataques dirigidos hacia nuestras comunidades. Pero, como nos recordó Joy-Ann Reid durante el simposio, podemos construir una comunidad solidaria, luchar juntos y proyectar hacia adelante cómo se vería un futuro justo.
Esa visión no es abstracta. Ya se encuentra en marcha. Así es que hagamos de esto un llamado a la acción:
sigue utilizando tu voz y deja espacio para que otros utilicen la suya. Desafía las narrativas dañinas y destaca historias de dignidad, justicia, pertenencia y esperanza.
Porque en la lucha por un Colorado más saludable y más justo, nuestras historias sí son una estrategia importante. Y mientras más las contemos, más poderosos nos haremos.