El poder se manifiesta de más de una manera. Y nosotros también.

En términos simples, el poder es la capacidad de influir en las decisiones. En The Colorado Health Foundation, sabemos que la salud refleja cómo funciona el poder en nuestras comunidades: quién es escuchado, qué prioridades influyen en las políticas públicas y qué futuro parece posible o fuera de alcance. 

Un marco que ayuda a hacer visible esto es Las Tres Caras del Poder. Para quienes trabajamos para avanzar la equidad en salud, este marco ofrece más que una teoría. Nos brinda una guía práctica para construir poder comunitario y transformar las condiciones que determinan qué es posible, para quién y a qué costo. 

El poder que se puede ver: poder visible 

La primera cara del poder es la más conocida. Es la que vemos en las cámaras del concejo municipal, en audiencias legislativas, en iniciativas electorales y en campañas públicas. 

El poder visible se refiere a cómo y por qué se toman decisiones en tiempo real. Incluye organizar a las comunidades para promover cambios en políticas públicas, realizar investigaciones que informen el debate público, registrar votantes, construir relaciones con funcionarios electos y movilizar a las personas en torno a propuestas específicas. 

El poder visible importa porque las políticas públicas influyen en si las familias pueden pagar una vivienda, si las comunidades tienen acceso al tipo de atención médica que necesitan y si la seguridad económica está al alcance. Pero las victorias en políticas públicas rara vez ocurren de manera aislada. El proceso de toma de decisiones debe ser transparente para quienes se ven afectados por esas decisiones. 

El poder detrás de escena: poder oculto 

El poder oculto influye en quién siquiera tiene un lugar en la mesa y qué temas se consideran lo suficientemente importantes como para abordarlos. 

Opera en las reglas de participación: quién es invitado a los espacios de toma de decisiones, cómo se establecen las agendas y qué voces comunitarias se consideran creíbles. También vive en las relaciones a largo plazo, las alianzas y la infraestructura —redes, recursos e instituciones— que hacen posible que defensoras, defensores y organizaciones sostengan su trabajo con el tiempo. 

Construir poder oculto requiere invertir en la capacidad colectiva. Significa fortalecer redes, apoyar a organizaciones lideradas por la comunidad y fomentar alianzas duraderas entre distintos sectores. Cuando las comunidades cuentan con la infraestructura y la coordinación necesarias para actuar juntas, están mejor posicionadas para responder a las decisiones y también para influir en ellas. 

El poder en el aire que respiramos: poder invisible 

La tercera cara del poder es la menos visible y, con frecuencia, la más duradera. 

El poder invisible influye en cómo interpretamos el mundo que nos rodea. Moldea lo que creemos sobre la responsabilidad, la justicia, el sentido de pertenencia y lo que es posible. Determina si vemos las inequidades en salud como el resultado de decisiones individuales o como el resultado predecible de sistemas y estructuras. 

Aquí es donde viven las narrativas. 

Las narrativas son las grandes historias que influyen en cómo las personas entienden el mundo, qué causa los problemas, quién es responsable y qué soluciones parecen posibles. 

Cuando las narrativas dominantes refuerzan la escasez, el individualismo o la culpa, reducen lo que las personas y quienes toman decisiones creen que se puede hacer. Cuando las narrativas elevan el bienestar compartido, las oportunidades justas, el sentido de pertenencia y la posibilidad de cambio, amplían nuestra imaginación colectiva. 

Transformar el poder invisible implica cambiar el entorno de historias que nos rodea. Significa activar valores compartidos, elevar voces comunitarias de confianza y alinear la comunicación entre distintos sectores para que los mensajes refuercen de manera consistente las creencias que apoyan la equidad en salud. 

Por qué importan las tres caras 

El poder es dinámico e interconectado. Las campañas de políticas públicas, incidencia y educación sin infraestructura tienen dificultades para sostenerse en el tiempo. La infraestructura sin narrativas que la respalden puede ser ignorada o descartada por el público. Y los cambios narrativos sin acción en políticas públicas pueden frenar el progreso sostenible. 

Para abordar las causas de raíz de las inequidades en salud, las comunidades necesitan organizarse a través de las tres caras del poder: 

  • Lograr cambios concretos en políticas públicas. 
  • Construir capacidad colectiva a largo plazo y acceso a los espacios de toma de decisiones. 
  • Transformar las narrativas que influyen en lo que parece posible alcanzar. 

Este enfoque integrado nos permite ir más allá de soluciones de corto plazo y avanzar hacia cambios duraderos. 

Del marco a la práctica 

Para organizadores, financiadores y defensores, el marco de Las Tres Caras del Poder ofrece una manera de identificar desequilibrios de poder y diseñar estrategias que nivelen el terreno. 

En la Fundación, vemos nuestro papel no como dirigir lo que las comunidades deben decir o hacer, sino como ayudar a construir la infraestructura que permite que los esfuerzos alineados se refuercen entre sí. Esto incluye invertir en voces comunitarias de confianza, fortalecer la capacidad de base comunitaria, apoyar la incidencia en políticas públicas y avanzar enfoques narrativos que eleven la responsabilidad compartida y las soluciones a largo plazo. 

Cuando las comunidades están organizadas a través del poder visible, oculto e invisible, están mejor posicionadas para influir en las decisiones —no solo para reaccionar ante ellas. 

La equidad en salud no se logra con una sola política pública, una sola organización o una sola historia. Se logra cuando las personas tienen el poder de influir en las decisiones, definir las agendas y dar forma a las narrativas que guían nuestro futuro colectivo. 

Y el poder, en todas sus formas, es algo que podemos construir juntos. 

 

Press enter / return on your keyboard to search